13:30

1 Toalla pequeña, 2 toallas de papel, 1 paquete de toallas húmedas, 2 pares de guantes, 1 protector, 1 tubo de crema. Todo encima de 1 silla. 2 bolsas plásticas, una dentro de la otra. Colgadas de un pequeño carrito, donde alguien más pondrá 1 ponchera con agua.

Poner la cama en horizontal. Elevar la cama por encima de la cintura. Quitar 2 sábanas y 2 cojines. Agarrar la tira lateral del colchón. 1, 2, 3,  jalar hacia el cabezal. Agarrar la sábana cerca de su cuerpo. 1, 2, 3, jalar hacia arriba. Desdoblar las piernas y masajearlas. Doblar las piernas hacia el pecho. 1 minuto. Extender las piernas. Masajear. Doblar 1 pierna. Extenderla. Doblar pierna 2. Masajear. Extenderla. Empujar su cuerpo hacia el cabezal. Cruzar las piernas. Limpieza personal. Quitarle los lentes. Después, hacia mi lado. Aguantar. Limpiar. Cambiar 1 toalla. Cambiar la protección. De espaldas de nuevo. Poner 3 cojines. Poner sábana por sábana. 2 sábanas. Poner los lentes. Acomodar la almohada de la cabeza. Reclinar la cama. Guardar lo que no se usó. Botar la basura.

La radio no deja de sonar.

15 minutos.

This is LBC, Leading Britons Conversation.
Today we are going to talk about immigrants and refugees. In the past days, many immigrant boats have…

Almuerzo. Sacarlo del horno. Moverlo un poco. Está muy caliente. No se lo va a comer todo. Nunca se lo come todo.

14:00

Are you ready for lunch?

Silencio. Un pequeño movimiento de la cabeza de arriba a abajo se dibuja cuando veo hacia la cama. También tiene una sonrisa, esa cabeza. Casi siempre hay una sonrisa.

Bajar la cama lo más posible. Inclinarla para casi sentarla. Poner un paño de cocina cual babero. La caja de kleenex a la mano. Sentarme en la silla del otro lado.

Let’s see if you like this. Your mother made it with love.

Silencio. Una mueca de asco.

Now you always do that and you end up eating more than you think you will. Come on. First bite.

Silencio. Me complace y abre la boca. 

This was the traffic report, the next one will be in 15 minutes.
This is LBC, Leading Britons Conversation.

Masca como un cocodrilo. Pero todavía puede comer por su cuenta. Los dientes se llenan de la comida en la parte frontal. Poco a poco recoge todo con su lengua. Hace una pausa. Recoge todo. Se lame los labios. Siguiente bocado. Cada bocado toma en promedio 3 minutos. Shelag Fogarty habla. Recibe llamadas. Muchas llamadas. Es tenaz. O por lo menos eso cree ella. Por lo menos come 8 bocados, cuando la comida no le gusta. Cuando le gusta, come 15. De 24 a 45 minutos. A veces nos detenemos y escuchamos alguna llamada. Reímos en silencio. Ella voltea los ojos. Muestra tristeza. Decepción. Preocupación. 

That Nigel Farage is quite a character, isn’t he?

Silencio. Ríe sin hacer sonido alguno.

Will you want some coffee?

Asiente con la cabeza. Silencio. Sonríe en silencio.

14:30

It’s. Not. Real. Coffee. Entre suspiros.

14:31

I know. It’s your fake coffee.

Silencio. Sonríe.

Poner la cama más horizontal. Ir a la cocina.

Preparar el “café”. Calentar la leche en una olla. Pasar la leche a un vaso desechable. Poner la mezcla de Camp. 2 cucharadas. Probar. Muy caliente. Mover el café del vaso a la olla, de la olla al vaso hasta obtener la temperatura predilecta. Me tomó 2 meses calcular esta temperatura. Y poder reconocerla. Agarrar 1 papel absorbente, envolver el vaso, doblar el vaso hasta hacerle un pico. Volver.

Elevar la cabeza. Subir la cama. Ir a su lado derecho. Poner el paño. Agarrar kleenex. Muchos kleenex.

Ok, let’s see if it has the right amount of Camp and the right temperature.

Sostener su cabeza poniendo mi mano sobre su frente. Esperar a que abra lo suficiente la boca. Mueve los labios hacia la izquierda, como si fuera un pez con un anzuelo. Derramo un poco de café dentro de su boca. Mastica aunque es líquido. Traga 2 veces. Con la lengua recoge la única gota que siempre queda en su labio. Tengo un kleenex preparado por si cae café en su barbilla.

Approved?

Silencio. Abre mucho los ojos. Asiente con la cabeza.

Dejo reposar mi mano sobre su frente. Miro desde arriba su boca. Tengo una visual de sus dientes inferiores desde arriba. Algo chuecos. Cómo se llena de café. El café son por lo menos 10 sorbos. Cada sorbo toma de 2 a 3 minutos. A veces tose, y eso hace el proceso más lento. Con pequeños movimientos corporales entiendo si quiere el sorbo ya o no. A veces creo que está lista para el siguiente y siento un minúsculo movimiento que me informa que no es así. 

15:30

Do I make a mean coffee or what?

Yes. You. Do. This. Coffee. I. Drank. It. When. I. Was. A child. My. Mother. Used. To. Make. It. For. Me. Entre suspiros.

Comfort food!

Silencio. Sonríe.

15:32

Intenta decirme algo más entre suspiros. No la entiendo. Sólo he aprendido sus gestos y las cosas esenciales.

Eyebrow! – cuando le pican.

When. Are. We. Having. Lunch?

I’m. A. Little. Hungry.

Teeth! 

I. Want. To. Make. A. Phone Call.

When. Is. My. Mother. Coming?

Who. Was. That?

Oh. My. God.

Barbra. Streisand.

Rega. – Calma o paciencia en hebreo.

No. You’re. Not – Cuando sin intención hacemos un movimiento brusco y pedimos disculpas.

I. Have. A. Naughty. Leg – Cuando su pierna se mueve involuntariamente.

I. Don’t. Care.

Fuck. You.

In 5 minutes, Ian Payne to present the scores of the Champion.
This is LBC, Leading Britons Conversation.

Todos los sábados un amigo va a visitarla. 

16:00

Tiene esperanzas de que un día va a mejorar. Se quita los zapatos al entrar a la casa. Escriben una novela juntos. Llevan 150.000 palabras.

Tienen años escribiendo.

18:00

You should publish one day.

No. I. Don’t. Want. To.

Why? You could even write a trilogy with that amount of words!

It. Is. Not. My. Novel. I. Am. Not. Writing. It.

It’s your thoughts, though.

Silencio. Voltea los ojos.

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“Darling, where am I?”

Tiene más de cien años. Lo sé porque hay una tarjeta de parte de la reina de Inglaterra encima de su chimenea. Por lo que me explicaron otras cuidadoras, toda persona en el Reino Unido, al llegar a los cien años de edad, recibe esa tarjeta, en la que la reina te desea un feliz cumpleaños. La reina nos mira todo el tiempo desde la chimenea. Parece juzgar todo lo que ocurre en la sala. La reina tiene un vestido azul celeste, y al fondo se ven vestigios de un cuarto cualquiera, desenfocado. Se trata de una tarjeta con la cara de una vieja viendo desde la chimenea a otra vieja que se sienta en una silla.

Darling, where is everybody?

It’s just you and I.

Si nació cuando nació, vivió la Segunda Guerra Mundial. Y debió estar en Londres cuando los Blitz, entre 1940 y 1941. Hace unos años te podía hablar de la guerra con toda propiedad. Tenía por lo menos veinticinco años cuando los bombardeos. Sólo un poco menor que yo en este momento. Tendría unos treinta cuando terminó la guerra, en mayo de 1945.

Seguramente los bombardeos causaron algún tipo de angustia en ella, pues desde 1948 ha vivido en el mismo lugar: el sótano de una hermosa casa, con acceso a un lindo jardín. Parece que siempre se sintió más segura mientras más cerca de la tierra estuviera. Siempre teme que se va a caer. Y lo repite cada vez que está de pie.

Darling, am I alright?

Yes, you are.

Can you promise that you will take care of me?

Of course. That’s why I’m here.

Fue actriz de teatro. Sonriendo, llegó a contar de las veces que actuaba, de los atuendos que usaba y del tipo de escenas que hacía. Histriónicamente se movía por su sala, utilizando un vestido imaginario y actuando frente a otras cuidadoras. En su casa hay varias fotos de ella sonriendo. Hermosa, radiante. Una sonrisa genuina. Casi todas las fotos son en blanco y negro. Siempre está preocupada por saber que la quieres, y rápidamente ella te dirá lo mucho que te quiere de vuelta.

Do you love me, dear?

Yes, I do.

I love you too, darling.

Se casó, con un hombre maravilloso del que llegó a hablar con mucho cariño. Un par de fotos de él se pueden ver por la casa. Tuvo una hija, que siguiendo sus pasos se convirtió en productora de teatro. Tuvo un gato. Su hija se fue, se casó, se mudó. Su esposo murió hace muchos años ya. Fue viuda. Vivió sola. Tuvo otro gato. Tuvo otro gato. Tuvo otro gato. Todos los gatos tuvieron el mismo nombre. Titus. El último Titus tiene diecisiete años aproximadamente. Titus es un gato gris plomo, bastante grande y cariñoso. 

Un día Titus cazó un ratón. No sabía qué hacer así que esperé. Lo llevó a la sala, vivo, y luego lo mató. Lo comió al lado de ella: entero. Todo, excepto un par de órganos, que agarré con guantes, una bolsa plástica y cara de asco. Ella no se dio cuenta de nada. Yo lo vi todo, esperando el momento para limpiar.

Hace unos años, se negaba a ir a dormir si Titus no estaba con ella en la casa. Las cuidadoras pasaban hasta una hora buscando al gato por el jardín y las calles cercanas.

Where is my Titus?

He is right behind you.

Titus is the best puss I’ve had.

I’m sure he is.

Siempre recibía perfumes de cumpleaños. Solía tener su mesade noche llena de ellos, y nunca los usaba. Cuando se le preguntaba el por qué, decía con cierta tristeza que para qué, si no iba a salir de su casa. La cuidadora le dijo que había que usarlos, pero ella insistía en que no, pues no iba a ninguna parte. En secreto, la cuidadora ponía un poco en su ropa antes de ayudarla a cambiarse. Cada vez que se vestía, comentaba lo bien que olía su ropa. Y sonreía. Ya no quedan perfumes.

Darling, my head feels funny.

How precisely?

Quite peculiar.

How odd.

Oh darling, please tell me, am I alright?

Yes. You are.

Le encanta comer sándwiches y dulces. El té lo toma con leche pero sin azúcar. Los jugos tropicales le gustan. La comida muy condimentada no. Si haces una ensalada no la va a tocar. Si pones la ensalada entre dos panes sí. Tienes que cortar el sándwich en por lo menos seis partes, si no es muy amenazador. Cree ciegamente en tu palabra. Si le dices que algo le va a hacer bien, por lo menos lo intenta. Si le dices que está deshidratada, toma líquidos. Si le dices que preparaste algo especialmente para ella, se enternece.

You made this? For me?

Yes, of course. It’s your supper.

You are so sweet darling. I will eat it because you made it.

Cada tres bocados olvida lo que está haciendo.

Oh darling. I don’t know what I’m doing.

You are having supper. Have another bite.

Yes dear.

He sido relegada a contestar la misma pregunta cada dos minutos. 

Darling, where am I?

You’re in your house.

But darling, please tell me, where am I?

You’re in your house. In London.

Oh darling, I’m so sorry, but can you tell me, where am I?

You’re in your house dear. In London.

And where is my Titus?

He is off hunting.

He is a lovely cat.

Yes. He is.

Oh darling. Could you please just tell me where I am?

Yes. You are in your house. Eating supper. And there is Titus, keeping you company.

He is a lovely cat.

Yes. He is.

Las monedas y yo

Desde que era pequeña veía al piso todo el tiempo. No por nada raro creo yo: como muchos niños me fascinaba conseguir monedas en el piso. Eran mi pequeño y brillante tesoro: la presa que buscaba en los recreos.

Por supuesto que al principio valían algo. Si conseguías una de las grandes, de cinco bolívares, estabas más cerca de comprarte un pan dulce, que costaba veinte bolívares. El precio de la Malta lo desconozco: nunca me gustó.

Las monedas de cinco bolívares eran grandes y emocionantes. Las de dos, y un bolívar también, pero tenías una meta a la cual llegar y conseguir una de estas dos simplemente daba a entender que estabas comenzando el recorrido. Hacia el pan dulce.

Cada vez se hizo más fácil conseguir monedas. No era difícil, pues cada vez valían menos y a la gente no le importaba perderlas. Pero yo regia, contenta me agaché todas las veces para recoger cada moneda. Aún cuando ya no valían nada. Todavía tenían algo de tesoro, de adquirir algo que alguien más había perdido y no podía reclamar.

Mi hermano y yo teníamos cada uno una alcancía repleta de monedas. Las conservamos, aunque cada vez las monedas valieran menos y el pote pesara más. Seguramente podríamos haber botado las alcancias, y no pasaba nada. Pero por alguna razón siempre pensé que pertenecían con la gente, aunque no valieran nada.

(En la misma tónica, en mi casa en Caracas todavía tengo montañas de billetes de 5, 10, 20 y 50).

Llegué a un país en el  que las monedas sí tienen valor. Y mi cacería prácticamente terminó. En seis meses recuerdo perfectamente cada moneda que he conseguido en la calle. Irónicamente, ha sido más común conseguir comida en la calle que monedas (comida que, por cierto, vale más que cualquier moneda con la que me he topado).

Re-semantizas las monedas. Ya no son un objeto brillante. Ahora tienen características, usos, funciones con más peso que un pan, y entiendes de verdad el valor del dinero en un lugar donde, simplemente, las cosas funcionan de una manera medianamente normal.

  • Las monedas de una libra son las “monedas de la lavandería”. No pregunte por qué que la respuesta es obvia: por lo menos donde vivo, las lavadoras y secadoras sólo aceptan monedas de una libra.
  • Las monedas de dos libras son “bonitas, pero no sirven para la lavandería”. Sí, valen más. Sí, tienen unos diseños muy lindos. No, no son prácticas. Son grandes y me fastidian.
  • Las monedas de cincuenta centavos son plateadas, grandes y flacas. Les tengo cariño. Porque estoy a otra moneda de ir a la tiendita más cercana para pedir que me cambien dos por una moneda de la lavandería.
  • Las monedas de veinte centavos son mis favoritas. Son pequeñas, hexagonales, y junto con una de cincuenta compro un té en la universidad. Junto dos, una de cincuenta y compro un café americano en la universidad.
  • Las monedas de diez y de cinco centavos son “coño, te voy a poder pagar exacto. Ya va, espera un momento” (con estas evitas la reproducción de las monedas. Resulta que cuando valen algo las conservas, y la cartera empieza a pesar).
  • Las monedas de uno y dos centavos son las que todos llaman “la porquería esa marrón”. Yo las llamo “el vuelto cuando compro Jaffa Cakes en la £99 store).

Me quedó la maña de ver al piso. Ahora sólo consigo “la porquería esa marrón”. Lamentablemente concuerdo con los demás. Y no porque sean las monedas con menos valor: lamentablemente mi tesoro ya no es brillante.